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Diego Velázquez
El bufón el Primo, 1644
Óleo sobre lienzo
106,5 x 82,5 cm
Museo Nacional del Prado, Madrid


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Francis Bacon
Tres estudios para una Crucifixión (Three Studies for a Crucifixion), 1962
Óleo sobre lienzo, tríptico
198,1 x 144,8 cm, cada uno
Solomon R. Guggenheim Museum, Nueva York, 64.1700
© The Estate of Francis Bacon. Reservados todos los derechos    
DACS/VEGAP, Bilbao, 2016

La exposición

30 de Septiembre, 2016 – 8 de Enero, 2017

Francis Bacon: de Picasso a Velázquez muestra una selección de cincuenta pinturas que se cuentan entre las más importantes y atractivas de Francis Bacon (Dublín, 1909─Madrid, 1992), junto a una treintena de obras de distintos maestros clásicos y modernos que influyeron en su carrera. La exposición, que incluye muchos trabajos de Bacon que apenas se han exhibido en público previamente, pretende profundizar en la impronta que las culturas francesa y española dejaron en la producción de este artista británico nacido en Irlanda, ferviente francófilo y gran conocedor del arte de grandes maestros españoles, como Velázquez. Bacon inició su carrera como pintor tras visitar la exposición Cent dessins par Picasso en la galería Paul Rosenberg de París. Sumamente interesado en la literatura francesa, fue un ávido lector de Racine, Balzac, Baudelaire y Proust, y un apasionado del arte de pintores establecidos en Francia, como Manet, Degas, Gauguin, Van Gogh, Seurat, Matisse y Picasso, así como de otros creadores franceses de épocas anteriores, como Ingres, Géricault y Daumier.

Más allá de sus primeros encuentros parisinos con la obra de Picasso en los años veinte y treinta, su relación con la cultura española se manifiesta principalmente en su obsesión por el Retrato del Papa Inocencio X, realizado por Velázquez en 1650. Pese a haber tenido la oportunidad de contemplar la obra directamente en la Galería Doria Pamphilj durante un viaje a Roma en 1954, Bacon prefirió tener presentes en su memoria las reproducciones del cuadro, y no el original, durante la creación de las más de cincuenta obras que dedicó a este motivo. Además de Velázquez, a Bacon le fascinaron otros maestros clásicos, como Zurbarán, El Greco o Goya, cuya pintura pudo admirar en el Museo del Prado de Madrid.

Organizada por el Museo Guggenheim Bilbao en colaboración con Grimaldi Forum Monaco.

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Francis Bacon 
Composición (Figura) [Composition (Figure)], 1933
Pastel, pluma y tinta sobre papel, montado sobre cartón
53,5 x 40 cm
Colección Abelló, Madrid
© The Estate of Francis Bacon. Reservados todos los derechos
DACS/VEGAP, Bilbao, 2016

Galería 205

Picasso: la puerta al arte

“Picasso abrió la puerta a todos esos sistemas nuevos. Yo he tratado de poner mi pie en esa puerta abierta, para que no se cerrara. Picasso pertenece a ese linaje de genios del que forman parte Rembrandt, Miguel Ángel, Van Gogh y, sobre todo, Velázquez”.

Francis Bacon*

Proveniente de una acomodada familia británica afincada en la Irlanda rural y turbulenta de principios del siglo XX, Francis Bacon se enfrenta, con diecisiete años, a la obra de Pablo Picasso en la galería Paul Rosenberg de París. Este hecho, como el propio Bacon reveló, marcó el comienzo de su dedicación al arte; así lo atestiguan algunos de sus primeros trabajos, como Composición (Figura) (1933), que hace clara referencia a la obra de los años veinte del artista malagueño, y en especial a Las casetas, serie en la que aparecen unas bañistas deformes sosteniendo una llave.

Partiendo de un desconocimiento técnico, Bacon se adentra en el mundo del arte y asimila con celeridad lo que otros creadores cercanos a él, como Roy de Maistre, podían aportarle desde el punto de vista técnico. Los escasos lienzos de esta época que han sobrevivido —la mayoría no satisficieron a Bacon, que los destruyó— atestiguan la temprana influencia del Cubismo Analítico y Sintético, y del Surrealismo biomórfico de Picasso, que desembocarían en el desarrollo por parte de Bacon de un lenguaje propio. Este vocabulario fue reconocido por primera vez en 1933, cuando el crítico Herbert Read reprodujo la Crucifixión (1933) de Bacon en un lugar privilegiado, enfrentada a Bañista (1929), de Picasso, en su publicación Art Now: An Introduction to the Theory of Modern Painting and Sculpture. Aunque Bacon recibió esta muestra de consideración en los inicios de su carrera y siendo muy joven, no gozó de la misma suerte durante los años siguientes.  

* "Francis Bacon: I painten to be loved", interview by Francis Giacobetti conducted on February 1992, published in The Art Newspaper, no. 137, June 2003, pp. 28-29

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Francis Bacon
Estudio para un retrato de Van Gogh I 
(Study for Portrait of Van Gogh I), 1956          
Óleo sobre lienzo      
152,5 x 117 cm
The Robert and Lisa Sainsbury Collection, University of East Anglia
© The Estate of Francis Bacon. Reservados todos los derechos
DACS/VEGAP, Bilbao, 2016
Foto: Prudence Cuming Associates Ltd.

Galería 206

Jaulas humanas

“Yo reduzco la escala del lienzo pintando en esos rectángulos que concentran la imagen. Simplemente para verla mejor”

Francis Bacon*

Tras la Segunda Guerra Mundial —en la que Francis Bacon participó a través del servicio civil debido a su asma crónica—, la obra del artista fue de nuevo reconocida por crítica y público, y suscitó la atención de la galerista Erica Brausen, quien pronto expuso su trabajo en diferentes países europeos. El Museo de Arte Moderno de Nueva York compró en 1948 a Brausen su primera obra de Bacon.

Durante este período, el artista crea un universo nuevo de imágenes, concebido a partir de la literatura, el cine, el arte y su propia vida. Bacon aborda esta iconografía a través de un lenguaje absolutamente singular, reflejando la vulnerabilidad humana con gran crudeza. Los personajes, cuyo aspecto se encuentra entre lo humano y lo animal —como en algunas fotografías de Eadweard Muybridge—, comienzan a mostrarse encerrados y atrapados en jaulas o cubos. Bacon utiliza este recurso para centrar la mirada del observador en las figuras, emborronadas y desfiguradas, reducidas a trazos de colores grisáceos y azulados, que recuerdan al Greco y a los dibujos de Alberto Giacometti, que Bacon elogió por encima de sus esculturas. También rinde su particular homenaje más tarde en esta etapa a Vincent van Gogh, al que evoca a través de la pincelada suelta y de una encendida paleta, que contrasta con las figuras oscuras de otros lienzos. A Bacon le fascinaba la manera en que Van Gogh se alejaba de la norma y de la realidad literal en favor de la expresión. 

* David Sylvester, The Brutality of Fact: Interviews with Francis Bacon 1962-1979, Interview 1- 22:23

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Francis Bacon
Estudio según Velázquez (Study after Velazquez), 1950
Óleo sobre lienzo      
198 x 137 cm
Colección particular
© The Estate of Francis Bacon. Reservados todos los derechos
DACS/VEGAP, Bilbao, 2016
Foto: Prudence Cuming Associates Ltd.

Galería 207

Figuras aisladas

“Porque creo que es uno de los mejores retratos que se han hecho, y me obsesionaba. Compro libro tras libro con esa ilustración del Papa de Velázquez porque sencillamente me acosa y porque despierta en mí toda clase de sentimientos y también, podría decir, de áreas de la imaginación”

Francis Bacon*

A mediados de los años cuarenta, Francis Bacon descubre, a través de reproducciones, la imagen del Papa Inocencio X, una obra realizada por Diego Velázquez en 1650 que obsesionaría no solo a Bacon, sino también a otros pintores y escritores ingleses. La predilección de Bacon por este lienzo se reflejó durante más de dos décadas en decenas de obras en las que la imagen del pontífice se ve transformada de diferentes maneras. En unas, se entremezcla con el sufrimiento que expresa el rostro descompuesto de la mujer herida que aparece gritando en El acorazado Potemkin, filme de Serguéi Eisenstein que Bacon había descubierto en Berlín cuando tenía dieciséis años; en otras, la figura se ve rodeada de pedazos de ganado sacrificado en clara alusión al artista francés de origen bielorruso Chaïm Soutine; y hay algunas en las que a la imagen de Inocencio X se superpone la de Pío XII, sumo pontífice durante la Segunda Guerra Mundial cuya diplomática relación con la Alemania nazi aún genera controversia.

Velázquez representa al Papa sin un contexto que ayude a identificar su jerarquía, en soledad, del mismo modo que Cristo sacrificado en la cruz. La crucifixión es un tema al que Bacon acude una y otra vez desde el principio de su trayectoria, si bien dejando al margen las connotaciones religiosas y siempre con la intención de evidenciar lo más oscuro de la condición humana. Al igual que los Papas, las Crucifixiones van sufriendo transformaciones, mutaciones de color, formato o composición, y se intercalan con otras referencias que apasionan al artista, como la obra de Picasso o la Orestíada de Esquilo. 

* David Sylvester, The Brutality of Fact: Interviews with Francis Bacon 1962-1979, Interview 1- 24:25

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Francis Bacon
Estudio para autorretrato (Study for Self-Portrait), 1976
Óleo y pastel sobre lienzo
198 x 147,5 cm
Art Gallery of New South Wales, adquisición 1978
© The Estate of Francis Bacon. Reservados todos los derechos
DACS/VEGAP, Bilbao, 2016
Foto: © Jenni Carter, Viscopy

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Auguste Rodin
Musa Whistler, gran modelo, 1908 (1994 Fonte Coubertin)
Bronce
223,5 x 90 x 109,5 cm
Ed. 5/8
Musée Rodin, París

Galería 209

Cuerpos expuestos

“Yo creo que el arte es una obsesión de vida y, después de todo, dado que somos seres humanos, nuestra mayor obsesión somos nosotros mismos”

Francis Bacon*

El primer desnudo de Francis Bacon que ha sobrevivido data de 1949. El lienzo muestra a un hombre de espaldas, que deja tras de sí unas veladuras que pudieran ser cortinas. En su cuerpo resalta la espina dorsal, semejante al costillar de un animal, que recuerda a la espalda de la figura que aparece en Tras el baño, mujer secándose (ca. 1890─95), obra de Degas muy admirada por Bacon.

Cuatro años más tarde, el artista pintó por primera vez una pareja de hombres desnudos, imagen que, en una Inglaterra que aún penaba la homosexualidad, no podía mostrarse en público. En los desnudos de Bacon, especialmente en los realizados después de Tres estudios para una crucifixión (1962) —obra que supuso un punto de inflexión en su carrera—, predominan los personajes aislados, en posturas cotidianas, que el pintor transforma hasta que parecen casi inverosímiles, retorciendo sus cuerpos de una forma casi animal, como si se tratara de una escultura carnal de bulto redondo que revelara todos sus ángulos de una sola mirada, intentado reinventar el retrato. En algunos casos, el sexo de sus desnudos es ambiguo; en otros, resulta muy evidente.

Bacon admiraba la obra de Rodin, de cuyas esculturas poseía imágenes, y realizaba anotaciones de sus figuras. El bronce preparatorio que aquí se muestra fue realizado por Rodin en homenaje a James Abbott McNeill Whistler. Las obras de Whistler y de John Singer Sargent de esta sala reflejan la influencia del arte español en la pintura británica, un legado que en ocasiones recibió Bacon a través del tamiz de los grandes maestros de la Inglaterra eduardiana.

Estos lienzos de Bacon están basados en las fotografías de Eadweard Muybridge y también, en algunos casos, en las que John Deakin realizó por encargo del pintor, en las que representa a sus amigos más cercanos. En estos desnudos, caracterizados por su gran intensidad, Bacon suele representar a la figura protagonista de manera aislada. Casi nunca trabajaba en presencia del retratado, sino a partir de las fotografías que encomendaba a Deakin, a quien daba indicaciones muy precisas sobre las poses de los personajes que reflejaban las de algunas obras de la historia del arte o de las imágenes de Muybridge. 

* David Sylvester, The Brutality of Fact: Interviews with Francis Bacon 1962-1979, Interview 2- 56:57

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Francis Bacon
Tres estudios de figuras sobre camas (Three Studies of Figures on Beds), 1972
Óleo y pastel sobre lienzo
Tres paneles, 198 x 147,5 cm cada uno
Esther Grether Family Collection
© The Estate of Francis Bacon. Reservados todos los derechos.
DACS/VEGAP. Bilbao, 2016
Foto: Bildpunkt AG, Münchenstein

Galería 203

Juntos, pero aislados

“Creo que en el momento en el que aparecen varias figuras, entras automáticamente en el aspecto narrativo de las relaciones entre figuras. Eso crea de inmediato una especie de historia. Siempre conservo la esperanza de conseguir hacer un cuadro con gran número de figuras sin una historia”

Francis Bacon*

En esta sala se puede contemplar el retrato que Diego Velázquez realizó de Sebastián de Morra, a quien presenta apartado de todo entorno y cuyo rico ropaje alude a su posición dentro de la casa de Austria. Este tipo de personajes, al igual que el Papa Inocencio X, fascinaban a Bacon no solo por la maestría con la que Velázquez los retrataba, sino por el misterio que consideraba que emanaba de sus pinturas. Bacon hace una reinterpretación del trabajo del pintor sevillano a través de su propia mirada, alterando nuestra percepción de la obra de Velázquez.

También en este espacio se muestra La bomba, obra del artista escocés John Phillip que, por motivos de salud, vivió en el sur de España a mediados del siglo XIX. Este hecho tuvo una gran repercusión en el pintor, que llegó a ser conocido como “Phillip el Español” debido a la influencia que tuvieron en su trabajo maestros como Murillo o Velázquez. La bomba —cuyo título alude al local donde se desarrolla esta escena costumbrista, que bien pudiera enmarcarse en Granada— fue presentada por Phillip en Londres, donde obtuvo gran éxito e inspiró a numerosos artistas británicos de la época. Los personajes de esta pintura establecen una cordial interacción, a diferencia de las figuras de Bacon, que solo parecen destinadas a luchar entre sí o a mantener relaciones sexuales, tal y como ejemplifica el gran tríptico que ocupa el centro de esta sala, Tres estudios para figuras en la cama (1972).

Los tres paneles del tríptico presentan un fondo común y representan una misma escena, cuyos elementos han sufrido ligeras modificaciones en cada caso. Este formato tripartito —al que Bacon recurrió en treinta y tres ocasiones a lo largo de tres décadas— permitía al artista mostrar imágenes intencionalmente fragmentadas, dispuestas en marcos separados. Además de recurrir al tríptico, Bacon introdujo esta idea de la composición en tres escenas en obras de un solo lienzo, como Estudios del cuerpo humano (1975).  

* David Sylvester, The Brutality of Fact: Interviews with Francis Bacon 1962-1979, Interview 2- 56:57

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Alberto Giacometti
Busto de un hombre en un marco (Buste d’homme dans un cadre), ca. 1946
Óleo sobre lienzo
28,1 x 22,4 cm
Fondation Alberto et Annette Giacometti, París
© Alberto Giacometti Estate, VEGAP, 2016

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Francis Bacon
Retrato de Michel Leiris (Portrait of Michel Leiris), 1976
Óleo sobre lienzo
34 x 29 cm
Centre Pompidou, París – Musée national d’art moderne.
Centre de création industrielle, Donación de Louise et Michel Leiris, 1984
© The Estate of Francis Bacon. Reservados todos los derechos
DACS/VEGAP, Bilbao, 2016
Photo © Centre Pompidou, MNAM-CCI,
Dist. RMN-Grand Palais / Bertrand Prévost

Galería 202

La fuerza de un retrato

“Por supuesto, uno introduce cosas tales como oídos y ojos. Sin embargo, le gustaría introducirlos del modo más irracional posible, y la única razón de esta irracionalidad es que, si aflora, trae la fuerza de la imagen con mucha mayor intensidad que si uno sencillamente se sienta y representa la apariencia…”

Francis Bacon*

En 1951, Bacon realizó su primer retrato de un personaje conocido, el del pintor británico Lucian Freud, a quien representó de pie, apoyado, en un umbral. Durante años retrató a amigos y a personas a las que admiraba, como el propio Freud, Michel Leiris, Henrietta Moraes, Jacques Dupin, George Dyer, John Edwards o Reinhard Hassert y Eddy Batache, entre otros muchos. Solo algunos de sus retratos fueron encargos. Bacon casi siempre elegía a los sujetos de sus cuadros, a los que pintaba basándose principalmente en fotografías que ellos le enviaban.

En numerosas ocasiones, estos cuadros tienen un fondo azulado, que podría corresponderse con el color de su estudio, donde se tomaron algunas de esas fotografías; otras veces, el fondo es negro y evoca el arte de los grandes maestros españoles, mientras que otras obras presentan tonos distintos, como el naranja cadmio, destinado a creaciones de mayor formato. Bacon no solo intenta reflejar la apariencia física de los retratados; también pretende transmitir la relación que él mismo mantiene con ellos, y cómo este vínculo le ha afectado; no se trata de retratos psicológicos, sino de una representación de las relaciones humanas.

En sus pinturas, Bacon deforma a las personas con la intención de hacerlas más reales que si las representara de manera más naturalista. De los dos retratos que hizo de Leiris, Bacon considera como el más realista el que se halla más alejado de la literalidad. En los años setenta, y aduciendo una falta de modelos para sus obras, comienza a realizar un gran número de autorretratos; entre 1971 y 1979 pintó un total de veintinueve, quince de ellos individuales y de pequeño formato. En esta etapa, Bacon alcanza un gran reconocimiento internacional. En 1971 se convierte en el primer artista vivo, después de Picasso, al que el Grand Palais de París le dedica una retrospectiva y, en 1988, será el primer artista occidental al que se consagre una exposición en la extinta Unión Soviética. 

* David Sylvester, The Brutality of Fact: Interviews with Francis Bacon 1962-1979, Interview 5- 110:111

Sala 204

Francisco de Goya
Serie Tauromaquia (detalle), 1816
Aguatinta, aguafuerte, buril y punta seca
40 aguafuertes, 31,5 x 47,7 cm (papel)
Museo de Bellas Artes de Bilbao

Galería 204

Tauromaquia

“Se basa en ese famoso poema de Lorca en el que el verso ‘A las cinco de la tarde’ se repite una y otra vez. Es un bonito y largo poema sobre un amigo torero que muere. No he visto una corrida en mucho tiempo —creo que solo he visto tres o cuatro en mi vida—, pero cuando ves una, se queda grabada en tu mente para siempre”.

Francis Bacon*

Bacon expresó en numerosas entrevistas su interés por las corridas de toros y su admiración hacia Francisco de Goya. De hecho, llegó a seleccionar la obra del maestro español Don Andrés del Peral para una exposición que comisario con fondos de la National Gallery de Londres en 1985. Goya ejecutó cincuenta dibujos preparatorios en tiza roja para su Tauromaquia, en la que empleó el grabado al aguafuerte, a la aguatinta, a la punta seca y al buril. Si bien el tema principal de esta serie es la evolución de las corridas de toros, el posicionamiento de Goya con respecto a esta cuestión ha suscitado recientemente un interesante debate entre los historiadores del arte.

 * Art International, Autumn 1987, p. 30 (interviewed by M. Peppiatt).


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Francis Bacon
Estudio para autorretrato (Study for Self-Portrait), 1981            
Óleo, pastel y letraset sobre lienzo
198 x 147,5 cm
Colección particular
© The Estate of Francis Bacon. Reservados todos los derechos
DACS/VEGAP, Bilbao, 2016
Foto: Prudence Cuming Associates Ltd.

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Francis Bacon
Estudio de un toro (Study of a Bull), 1991
Óleo, pintura en aerosol y polvo sobre lienzo
198 x 147,5 cm
Colección particular, Londres
© The Estate of Francis Bacon. Reservados todos los derechos
DACS/VEGAP, Bilbao, 2016

Galería 208

Esencia vital

“Ese es el privilegio del artista, ser intemporal. La pasión te mantiene joven, ¡y la pasión y la libertad son tan seductoras! Cuando pinto, no tengo edad. Solo siento el placer o la dificultad de pintar”

Francis Bacon*

A finales de los años setenta y principios de los ochenta, Francis Bacon, ya septuagenario, reintroduce en su obra motivos, como el toro, y géneros, como el paisaje, que hasta entonces habían sido secundarios en su producción. Son escasos los paisajes anteriores a 1978, la mayoría realizados en las décadas de 1940 y 1950, y en ellos a menudo subsiste la presencia humana o animal. En esta última etapa de su carrera, su obra se simplifica; los elementos del paisaje son aislados de su contexto y quedan confinados a los límites que el artista define. De este modo, Bacon aborda el paisajismo de una manera similar a la que emplea para tratar la figura humana; así, “apresa” la ola que aparece en Pintando marzo (1985) o la carretera de Escena de calle (con coche a lo lejos) (1984)

Los retratos de esta última etapa son cada vez más escuetos. El pintor llega a eliminar elementos que ya había introducido con la intención de reducir las referencias visuales de la composición y dirigir la atención hacia la figura principal. Algunas de estas obras fueron realizadas con pintura en aerosol, que permitió a Bacon crear texturas hasta entonces inéditas en su trabajo. Estos lienzos se dividen entre los realizados con colores enérgicos y aquellos que presentan fundamentalmente tonalidades grises y apagadas.

El toro aparece de nuevo en estos últimos años. Su iconografía remite a artistas como Goya y Picasso, pero también al poeta Federico García Lorca y al escritor Michel Leiris, y hace alusión, de manera concreta, a las corridas de toros.

Francis Bacon falleció en Madrid en 1992, a escasa distancia del Museo del Prado, pinacoteca en la que se encontraban muchos de los grandes maestros que había admirado y a la que había acudido por última vez en 1991 para contemplar la obra de Velázquez. Transgresor con su vida y con su obra, Bacon cruzó algunas fronteras hasta entonces difíciles de vulnerar, situando al ser humano ante un espejo en el que pudiera contemplarse de forma cruda y violenta. 

* "Francis Bacon: I painten to be loved", interview by Francis Giacobetti conducted on February 1992, published in The Art Newspaper, no. 137, June 2003, pp. 28-29

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